En una época en la que no había pantallas, los cuadros eran un símbolo de estatus, pero también una puerta a un mundo a veces era desconocido y otras soñado. Desde su aparición en los albores del Renacimiento hasta el siglo XIX, los de mayor tamaño habían sido para las grandes batallas o para retratar a la monarquía o la nobleza, pero el canon cambió, y a los ya citados, siguieron aquellos otros que dejaron entrever escenas de la vida cotidiana, que para el común de los mortales, eran, sin lugar a dudas, las más importantes por cercanas…