Un símbolo en fase terminal
Hace muchos años que hice un triste descubrimiento que, literalmente, aún consigue quitarme el sueño: que las grandes barbaridades cometidas contra el patrimonio histórico-artístico de Valencia, no solo habían sido obra del pasado, sino que lo seguían siendo del presente, y peor aún, del futuro. En esta ciudad en la que nací y a la que amo, el derribo de un edificio siempre me provocó cierta reflexión, y la mayor parte de las veces, un sentimiento muy difícil de explicar. Vendría a ser una mezcla entre la rabia por la incultura de los que toman las decisiones, la decepción de los que se venden por dinero y la repulsa de los que se creen todopoderosos a golpe de talonario; y todo, aderezado con grandes dosis de incomprensión ante la sinrazón, la irresponsabilidad o la dejadez.
El ejemplo que quiero mostrar aquí, aún no me ha provocado ese sentimiento, pero sí que me ha alertado del mismo. Y ello, por la simple razón de que está ocurriendo en tiempo presente, porque su desenlace está aún por llegar y porque las expectativas de un final feliz son más bien escasas. Además, si bien por acción u omisión, el Ayuntamiento y la Generalitat valenciana han hecho desaparecer de esta ciudad iglesias y palacios centenarios, entre otras muchas cosas, ¿qué garantía tenemos de que ahora quieran salvar un cine?
Porque se trata de un cine al fin y al cabo. Construido inicialmente para uso residencial en 1882 por Gaspar Latorre y transformado en una sala de proyecciones en 1934 por Francisco Javier Goerlich, existe un edificio en la calle Hernán Cortés, número 9, que viene suscitando una encendida polémica desde el 2017; concretamente, desde que sus propietarios anunciaron su intención de derribarlo por completo para edificar un hotel.
Un derribo, el del cine Metropol, que no revestiría mayor importancia si no fuera porque atenta contra los tres motivos que hemos elegido para mostrar su
incuestionable valor patrimonial:
– Es el último cine intacto que queda de la Valencia republicana. Sentó en sus butacas, a intelectuales de la talla de Miguel Hernández, Ernest Hemingway u Orson Welles, especialmente, cuando Valencia ostentó la capitalidad de la República; sirvió de evasión a las tropas del frente cuando durante la guerra civil venían a Valencia con días de permiso; e informó con frecuencia a los ciudadanos sobre el curso de la guerra intentando levantarles la moral.
– Es, como hemos dicho, una obra de Francisco Javier Goerlich, uno de los arquitectos más decisivos, a la par que vanguardistas, en el desarrollo de la ciudad de Valencia. Entre sus numerosas obras destacan el edificio del Banco de Valencia y la Casa del médico, aunque son también muy conocidas otras, que aunque para desgracia de los valencianos fueron derribadas, aún quedan en su memoria colectiva: el Mercado de Flores o el Teatro Lírico. Fue arquitecto municipal desde 1922 hasta su jubilación en 1956.
– Y por último, posee elementos de estilo art déco como el mirador acristalado de la segunda planta, la tipografía y ornamentación geométrica del entresuelo y los distintos artesonados que, a día de hoy, aún no han sido inventariados por institución pública alguna.
Lo peor de todo es que, incomprensiblemente y con ese currículum, el ayuntamiento no le había otorgado nunca ningún tipo de protección urbanística, y por tanto, no iba a oponerse a su derribo. O dicho de otro modo, que los dueños del cine Metropol tenían plena libertad para hacer con él lo que les viniera en gana. ¿Cómo es posible que Sandra Gómez, vicealcaldesa y concejal de urbanismo de un gobierno republicano, que además usa banderas republicanas en más de un homenaje municipal, se desentienda del edificio? Porque no olvidemos, y esto lo sabe muy bien el gobierno valenciano, que el promotor del cine Metropol, Vicente Miguel Carceller, editor de la revista satírica La traca, fue detenido, torturado y fusilado en 1940 por las viñetas que publicó contra Franco y por ser republicano. Pero al parecer, este tipo de actuaciones no son nuevas en un gobierno, el de Ribó, que festeja por delante el aniversario de la República en Valencia mientras hace desaparecer por detrás los vestigios de la misma. A este respecto, recordaremos al lector que en el 2017 se sustituyó el histórico Casino Republicano Pinzón del Cabanyal por un bloque de viviendas de hormigón. Con lo que vistas así las cosas, nos haremos nuevamente la misma pregunta que antes: ¿qué garantía tenemos de que ahora quieran salvar un cine?
Por suerte, hay quienes consiguieron, desde un principio, no ponérselo tan fácil a tanto descerebrado en el poder consiguiendo que se paralizase la licencia de derribo del edificio. En 2017 y en torno a la recién creada plataforma Salvem el Metropol, distintas asociaciones relacionadas con el patrimonio valenciano, arquitectos y personalidades de la cultura de nuestra comunidad firman un manifiesto y recogen firmas para evitar el derribo del cine Metropol. En el 2018, los técnicos municipales del ayuntamiento de Valencia, que naturalmente barren para su casa, dictaminan que el cine Metropol no tiene valor patrimonial, pero ante semejante barbaridad, la plataforma Salvem el Metropol lanza un comunicado. En él, no solo se muestra en contra de los irregulares informes consistoriales que restan la debida importancia al edificio, sino que señala también la desmemoria de sus autores, es decir, la que les lleva a silenciar que si no fue protegido en el pasado, fue por un craso error. Porque en primer lugar, en 1882, las fincas 7 y 9 de la calle Hernan Cortés fueron proyectadas como un único inmueble indivisible por Gaspar Latorre, y en 1889, la finca 7 pasó a estar catalogado en el Plan General, con un nivel 2 de protección, es decir, el que afecta a la fachada y a los elementos singulares de la finca. ¿No suponía tal protección su automática extensión a la finca 9? La indignación popular crece hasta materializarse, también en el 2018, en una movilización de unas 200 personas, que frente al Metropol, piden salvar el inmueble.
En el 2020, los dueños del mismo presentan su proyecto ante el ayuntamiento para construir el hotel. Es el mismo año en el que a petición del Servicio Histórico Artístico del Ayuntamiento de Valencia, la Concejalía de Cultura de Gloria Tello, pide tres informes a órganos consultivos de la Generalitat Valenciana en tema de patrimonio y que son los siguientes:
1.- Un primer informe de la Real Academia de Bellas Artes, que al contemplar tan solo el punto de vista arquitectónico, concluye con que el edificio no tiene ningún valor patrimonial.
2.- Un segundo informe del Consell de Cultura, que se presta a la ambigüedad en tanto que resta al edificio valor arquitectónico, pero sí que le da valor histórico, artístico, cultural y social.
3.- Y un tercer y último informe de la Universidad de Valencia, que por su equipo pluridisciplinar (departamento de Historia del Arte e Historia Contemporánea), es el más favorable de los tres. Dicho informe considera que el edificio se tiene que mantener en base a la Ley de Memoria Democrática por la vinculación con la Segunda República española y la figura de Vicente Miguel Carceller.

En 2021, el Ayuntamiento de Valencia, influenciado por la información de los citados informes, da licencia de derribo a la empresa adjudicataria tras los años de paralización del expediente, pero ante la propuesta del colectivo Salvem el Metropol de que se adquiera y rehabilite, la Generalitat valenciana declara su intención de destinar, de sus primeros presupuestos participativos, 4,2 millones para la adquisición y rehabilitación del antiguo cine. Finalmente, en noviembre de 2022 la Generalitat descarta su compra sentenciándolo así a un futuro muy incierto. ¿Será verdad que una vez más la incompetencia de los que gobiernan nos ofrezcan otro ejemplo de la Valencia desaparecida?