Cuenta la leyenda, que aunque la Torre Gálata y la Torre de la Doncella, en Estambul, estaban enamoradas, su amor ya nació condenado desde un principio. Ambas sabían que el estrecho del Bósforo las separaba, y que eso, iba a impedir para siempre cualquier posible encuentro entre ellas. Así que mientras la primera se consoló abriendo su corazón a la segunda en un sinfín de cartas que jamás iban a ser leídas, la segunda tuvo que aceptar no saber si su amor era correspondido…