Nadie imaginaba que aquel viaje a Suiza acabaría cambiando un rincón de Valencia.

En los años sesenta, Pedro Sánchez y Mayte Morant tuvieron que hacer las maletas para marcharse a Zúrich en busca de un futuro mejor. Lejos de su tierra, ahorraron todo lo que pudieron y, cuando regresaron, invirtieron el fruto de su esfuerzo en un proyecto que entonces parecía una auténtica locura…

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